jueves, 15 de enero de 2009


Eduardo Wilde y "El río oscuro" de Alfredo Varela

La colección Los recobrados, aparecida por la editorial Capital Intelectual en 2008, rescata obras de la literatura argentina consideradas inhallables dentro del mercado editorial, entre las que se encuentran principalmente autores del siglo XX descollantes en los géneros de novela y cuento.

La Biblioteca Sarmiento ya posee los títulos Setenta veces siete de Dalmiro Sáenz y El río oscuro de Alfredo Varela.

La primera lista de los libros que van ir viendo la luz, además de los dos citados, es la siguiente:

-Las tierras blancas de Juan José Manauta
-El fideo más largo del mundo de Bernardo Jobson
-Las fuerzas extrañas de Leopoldo Lugones
-La casa del ángel de Beatriz Guido
-La lluvia, Tini y otros textos de Eduardo Wilde
-Cuentos de Humberto Costantini
-Memorias de un vigilante de Fray Mocho
-Pago Chico de Roberto Payró
-Historia funambulesca del Profesor Landormy de Arturo Cancela
-Enero de Sara Gallardo

Leamos las palabras de Abelardo Castillo, en el prólogo que lleva toda la colección.

“Se podría armar un canon alternativo de la literatura argentina con libros que ya no están. Banchs, Lynch, Holmberg, Manauta, Alfredo Varela, Cancela, Pedroni, Eduardo Wilde, Lucio V. Lopez, Rafael Barrett, Payró, Fray Mocho, Juan L. Ortiz, Kordon, Beatriz Guido, Sara Gallardo, Wernicke, Costantini –y, hasta no hace tanto tiempo, Macedonio Fernández, José Bianco u Oliverio Girondo-, son algunos de los autores de esos libros. Lo fue, incluso, Roberto Arlt, hasta veinte o treinta años después de su muerte. Lo fue Leopoldo Marechal. Es cierto que algunos de ellos han sido examinados por la crítica especializada o académica, pero muy pocos han conocido ediciones que los acercaran al destinatario natural de cualquier libro, el lector común.”

En el mismo sentido es dable cuestionar -decimos nosotros- la arbitrariedad, o el recorte, de lo que mandan a leer las principales producciones y suplementos literarios. ¿Por qué Borges y no Marechal? ¿Por qué Gelman y no Juanele Ortiz? ¿Por qué Cortázar y no Lugones? ¿Por qué Sarmiento y no….? Así podríamos seguir.


Eduardo Wilde

Ayudados por la información que trabajó la editora María Encabo, elegimos primeramente la obra de Eduardo Wilde, en razón de que en nuestra Biblioteca se puede conseguir su Obra Completa repartida en 10 tomos.

En la solapa de La lluvia, Tini y otros textos -el rescate de Wilde en Los recobrados-, leemos:

"Eduardo Wilde nació en Tupiza el 15 de junio de 1844 y murió en Bruselas el 5 de septiembre en 1913. Su padre, Diego Wellesley Wilde, hijo de inglés, y su madre Visitación García, de familia tucumana, vivían en Salta cuando sus diferencias políticas con Juan Manuel de Rosas los obligaron a emprender el exilio a Bolivia.

Wilde fue médico, diplomático, periodista, diputado, Ministro del Interior y de Justicia e Instrucción Pública y profesor de Higiene y Anatomía en la facultad de Medicina; esta actividad incesante fue acompañada por una escritura incesante, cuya suma miscelánea alcanza los diecinueve volúmenes. En la escritura de Wilde se perciben dos rasgos definitorios: el humor como una constante, y la mirada humanista del médico y que en Wilde va unida a esa mezcla de ironía, burla y piedad con que veía a sus personajes y a sus contemporáneos.

Escritor originalísimo llamado a tener fama universal, según Ricardo Rojas, si no lo hubieran distraído ocupaciones tan múltiples y heterogéneas, Wilde dejó sólo tres libros ordenados y uno inconcluso: Tiempo perdido (1878), Prometeo y Cía.(1899), Por mares y por tierras (1899) y Aguas abajo (póstumo, de 1914)".


Y en la contratapa del mismo libro, un acercamiento a la obra.

"Como escribió José María Monner Sans, acaso ninguno de aquellos hombres públicos argentinos del siglo XIX, excepción hecha de Sarmiento, tuvo una personalidad literaria más singular que Eduardo Wilde.

Las páginas tan a menudo deslumbrantes que produjo su inagotable curiosidad intelectual están reunidas como apuntes de viaje, relatos, discursos, cartas, artículos periodísticos, tratados científicos, retratos de contemporáneos y esbozos de recuerdos. En la amable irreverencia de su estilo reside su marca mayor: la naturalidad para contar. Eduardo Wilde dio con ese tono en la conversada soltura de sus escritos, de mordaz y frecuente apelación al lector, o en la manera con que su humor —en el que se cruzan la malicia y desparpajo criollos y la estirpe inglesa— describe la realidad.

Wilde, como Mansilla, se anticipa a la prosa contemporánea: salta por sobre el modernismo, hace pie en la vanguardia de los años veinte, que lo rescata y valora, y le habla directamente al lector de hoy. Textos como “La lluvia”, “Tini”, “Vida moderna” y el atípico “La primera noche de cementerio”, siguen siendo piezas antológicas de la literatura argentina"




Alfredo Varela

La otra elección es la novela El río oscuro de Alfredo Varela. Asomarnos a su lectura muestra un relato situado en el entorno geográfico y social del litoral, donde la línea del argumento se fractura en tres ejes bien definidos, algunos de notable intensidad poética.

La novela publicada en 1943, fue llevada al cine por Hugo del Carril en 1952 con el nombre de Las aguas bajan turbias, película considerada obra mayor dentro del cine argentino.

Alfredo Varela –dice la información biográfica de la solapa- “escribió crónicas de viaje, libros políticos y una biografía de Martín Güemes. Trabajó varios años como cronista para el diario Crítica y fue miembro del Consejo de Redacción del diario La Hora. Por su pública adhesión al Partido Comunista sufrió persecuciones y estuvo varias veces detenido. Para la filmación de El río oscuro, Hugo del Carril debió tramitar los derechos de la novela en la cárcel, y el nombre del autor no pudo figurar en los créditos de la película. Alfredo Varela vivió algunos años en Finlandia y fue miembro del Consejo Mundial de la Paz. Murió en Mar del Plata en 1984”.

El río oscuro relata la vida de los mensú –trabajadores esclavos, contratados por mes, de los que Horacio Quiroga habla en más de uno de sus cuentos- “tres ejes narrativos confluyen hacia el final –se explica en la contratapa-: La conquista, en la que va narrando los pasos del invasor blanco para dominar la selva; En la trampa, sobre el aniquilamiento del hombre por el hombre en los yerbales vírgenes; y la línea principal donde se ve al protagonista, Ramón, un hombre primitivo y embrutecido que irá creciendo a la vez que descubre el camino para recobrar su dignidad”.

(Ver en "Entrevistas" reportaje a la editora María Encabo).

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