martes, 14 de septiembre de 2010


Juan Domingo Perón: "El alma de las bibliotecas es el bibliotecario"

Ayer 13 de septiembre se celebró el Día del Bibliotecario. La fecha corresponde al nacimiento de Mariano Moreno, fundador de la primera biblioteca pública del país, hoy Biblioteca Nacional.

No podemos dudar que los actos de leer, escribir y pensar (tareas interrelacionadas) han gozado en nuestro país de mayor libertad en los gobiernos democráticos; toda correción que podamos hacer a este simple razonamiento, hoy luego de casi 30 años de vida democrática, es parte, por suerte, de un debate o de diferentes modos de entender la política.

Los números que suministra Conabip sobre la vida de las Bibliotecas Populares en Argentina son claros: bajo la protección de diferentes decretos o la sanción de leyes, las bibliotecas gozaron de excelente salud (hablamos de grandes números) sobre todo en los gobiernos de Sarmiento, Hipolito Yrigoyen, J.D. Perón y Raúl Alfonsín.

El Primer Congreso Argentino de Bibliotecas Populares se realiza en la segunda presidencia de J.D. Perón. No es exagerado decir que fuera de las de Sarmiento, las palabras más sentidas y pensadas sobre las BP -y, como veremos, sobre los bibliotecarios- han sido las de Perón. A la luz de sus palabras en el Congreso y de los números antepuestos, creemos junto con Jauretche que el dicho "alpargatas sí, libros no" debe ser honestamente revisado.

En sus mejores momentos Perón creyó que la sociedad argentina debía ordenarse de lo mínimo a lo máximo, es decir, primero los obreros y sus derechos, luego las fábricas; primero las maestras, luego las escuelas; y, por lo tanto, primero los bibliotecarios, luego las bibliotecas. Se trataba de la simple humanización de las redes de trabajo. Para todos los bibliotecarios, para nosotros. Disfrutemos de esta selección del discurso de Perón.

(Imagen: publicación del Primer Congreso Nacional de Bibliotecas Populares, también en un gobierno peronista).


ORGANIZACIÓN BIBLIOTECARIA

Es indudable que la existencia de miles y miles de bibliotecarios que, como francotiradores, cumplen su función en las bibliotecas en que actúan, no es suficiente para que el país haga un uso debido y adecuado de todo su material bibliográfico. Es indudable, también, que mientras nosotros no organicemos esta importante parte de nuestro acervo y de nuestra orientación cultural no alcancemos a obtener de él los mejores frutos. Es indudable, asimismo, que la actividad que se refiere a todas las bibliotecas argentinas, sean ellas de carácter técnico, profesional o popular, no alcanzará jamás el gran objetivo a que están destinadas si los mismos bibliotecarios no son quienes toman sus actividades en sus propias manos y las realizan con unidad de concepción y con unidad de acción.

El gobierno, por intermedio del Ministerio de Educación, podrá quizás fijar una orientación común, pero esto es solo la concepción de una idea. La ejecución es la que cuenta, y la ejecución está en manos, precisamente, de los bibliotecarios.


LA FUNCIÓN DOCENTE DEL BIBLIOTECARIO

El bibliotecario es a la biblioteca lo que el maestro es a la escuela. No tendremos buena escuela si no tenemos buenos maestros, por más que ellas sean grandes, lujosas y llenas de toda clase de comodidades. De la misma manera que el alma de la escuela es el maestro, el alma de la biblioteca es el bibliotecario. Por lo tanto, yo no encuentro nada más adecuado que entregar las bibliotecas a los bibliotecarios, y alabo que ustedes hayan tenido la feliz idea de reunirse en este Congreso para dilucidar asuntos que son de su incumbencia, y que en la comunidad argentina representan la responsabilidad, que ustedes, y solamente ustedes tienen en este sector de la cultura.


LAS BIBLIOTECAS POPULARES

Queremos ofrecer a nuestro pueblo alguna posibilidad de alcanzar el más alto índice de la cultura general. Las culturas especializadas son, también, de hombres especializados. Eso no lo puede ofrecer sino en cierta medida la comunidad, porque ese es el esfuerzo individual de los hombres. En cambio, nosotros queremos ofrecer lo que podemos ofrecer. No queremos ofrecer lo que no podemos, porque sabemos que no lograríamos realizarlo en manera alguna.

La tarea del bibliotecario argentino en toda la extensión de nuestro territorio está perfectamente bien ordenada. Dentro de estas ideas, las bibliotecas técnicas y profesionales ofrecerán el mayor acopio posible y, para eso, el Estado y los hombres de la comunidad harán todo el esfuerzo preciso para acumular los fondos necesarios de esa sabiduría; pero, señores, lo que a nosotros nos interesa especialmente es divulgar nuestra cultura a través de una red interminable, en lo posible, de bibliotecas populares, donde el pueblo encuentre lo que necesite para nutrir su inteligencia y su conocimiento.

En este orden de idea somos básicamente partidarios de la biblioteca popular. Queremos que esta actividad se multiplique en el país; y queremos, a la vez, que no solamente existan las bibliotecas, sino que existan, sobre todo, los que hagan buen uso de ellas. Nosotros sabemos que una biblioteca es muy importante, pero también sabemos que es mucho más importante que la gente concurra a ella a leer. Y esto que parecería a simple vista una perogrullada es en el fondo - ustedes lo saben mejor que yo- una gran verdad en nuestro país. No es suficiente con que existan las bibliotecas: es necesario que esas bibliotecas tengan un alma que sintonice con el alma de los hombres y mujeres de nuestro país, que se sientan ellos atraídos, que esas bibliotecas tengan vida y tengan acción; si no, es inútil su existencia.


EL HÁBITO DE LEER

Recuerdo un cuento que se hace siempre allá, en las provincias del Oeste, donde yo he estado muchos años. Se dice que Sarmiento, siendo gobernador de San Juan, junto a los cerros fundó una pequeña biblioteca. Arregló un local, llevó los libros y puso un hombre al cuidado de la biblioteca.

Pasados muchos años, siendo Sarmiento entonces presidente de la República, hizo un viaje, y fue allá a visitar la biblioteca que él fundara. Llegó y dijo: "¿Qué tal amigo?", "muy bien", contestó el encargado de la biblioteca. Todos los libros estaban como él los había dejado. Pero se le ocurrió a Sarmiento abrir un libro, y resulta que no encontró nada más que las tapas, colocadas en el anaquel. Faltaban todas las hojas. Y preguntó: "¿Qué han hecho con las hojas?". Y contestó el encargado: "Las han pitado".

Y cuentan que Sarmiento, no se si es cierto eso, dijo: "Por lo menos, veo que han servido para algo". En esa época, probablemente, faltaría el papel en aquellas regiones.

No se si esta anécdota, una de las tantas atribuidas a Sarmiento, es cierta, pero si no es cierta merecería que lo fuera.

Es indudable que acopiar libros, construir anaqueles, y ordenar allí, aunque sea técnicamente, una biblioteca, es solo una pequeña parte de la función que la biblioteca debe llevar. Y así como en esto existe un aspecto técnico, existe también un aspecto humano. La biblioteca no puede carecer, ni de un aspecto ni del otro. Si es solo técnica, probablemente encontremos en esa maravillosa organización, en esa perfecta documentación y ordenación, el libro que buscamos, teniendo en seguida una idea acabada de su contenido y aun una biografía de su autor, pero si eso no está al alcance de la gente, si no se lo utiliza en forma permanente, no tiene absolutamente ningún valor.

Por eso a nosotros, los que de una manera u otra hemos debido concurrir mucho a las bibliotecas en nuestros trabajos de investigación de una o de otra cosa, nos interesa también el aspecto humano que la biblioteca debe tener en la vida del pueblo.


EL AMIGO LIBRO

Cuantas veces he concurrido a una biblioteca, después de conversar cinco minutos con un entendido he cambiado de parecer en la consulta de mi propia bibliografía. Yo he hecho mucha investigación de historia, y algunas veces en el Archivo General de la Nación, como también en las numerosas bibliotecas que he consultado, encontré facilitado mi trabajo en un cincuenta por ciento. Eso ha hecho que en las diversas ocasiones, en vez de ir a una biblioteca rica en libros y muy bien ordenada, haya concurrido a una no tan numerosa en el acopio de elementos bibliográficos, no tan bien ordenada, pero donde había un bibliotecario que me ayudaba extraordinariamente en mi tarea.

El bibliotecario es el que le da vida a la biblioteca; el bibliotecario es el elemento humano de la biblioteca. Los libros son toda la parte inerte; es la parte técnica; pero si a eso le faltaba la humanización que nosotros debemos dar a todas nuestras actividades de la vida, frente a una cosa muerta, que podrá ser hermosa, pero es muerta, yo prefiero no una tan hermosa ni tan completa, pero que viva, y que en esa vida pueda acompañarnos a nosotros. El libro es algo así como un amigo. Los hay buenos y los hay malos. Los hay que son verdaderamente amigos, según nuestras afinidades, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, y hay otros con quienes no nos podemos avenir a pensar de que estemos todo el día juntos.

El bibliotecario ha de ser capaz de presentarnos a un real amigo. En la vida, muchas veces no se puede encontrar buenos amigos. Cuando uno concurre a una biblioteca ansía encontrar a ese intermediario amable que es el bibliotecario, que es capaz de presentarle a uno un amigo, muchas veces un amigo al cual no se lo deja a lo largo de toda la propia vida. Esto es lo que nosotros pensamos que es la tarea fundamental del bibliotecario: darle vida y darle alma a la biblioteca. Como todas las cosas de la vida, cuando se aleja de esa situación estática de la técnica para acercarse a lo humano y a lo vívido, es cuando más se acerca a nuestra alma.

Esto, señores, solamente lo pueden ofrecer ustedes, los que se ocupan, los que viven para esta actividad, y lo podrán hacer si, reunidos como ahora en un congreso, comienzan a poner ya, desde este momento, las piedras fundamentales de una acción humanizadora de la biblioteca, para ofrecer al pueblo de la República, más que a nadie al pueblo, la posibilidad de compartir con ustedes horas amables y de prolongarlas a través de esas horas amables que uno suele pasar con esos amigos que son los libros.


Fragmentos seleccionados del discurso de Juan Domingo Perón en el Acto de Clausura del Primer Congreso Argentino de Bibliotecas Populares en el Teatro Nacional Cervantes (12 de abril de 1954).



La Biblioteca Nacional cumple 200 años

Ayer también cumplió 200 años la Biblioteca Nacional. Aprovechamos para saludar a los amigos y agradecer la gacetilla mensual que nos envían y siempre leemos.

La Biblioteca Nacional fundada con el nombre de Biblioteca Pública de Buenos Aires el 13 de septiembre de 1810, con la publicación del artículo "Educación" de Mariano Moreno, a lo largo de 200 años de su existencia se ha caracterizado por el espejo vivo de todas las corrientes culturales e intelectuales del país. Su patrimonio bibliográfico es el más importante acervo de la memoria impresa de la Argentina y su Hemeroteca es una de las más ricas de América Latina, sobre todo en lo referido a la prensa social, política y revolucionaria del siglo XIX.

La Sala del Tesoro, Mapoteca, Fototeca, Audioteca y Archivo de Manuscritos poseen varias colecciones únicas en el país. La colección general cercana al millón de ejemplares, si bien no es la más cuantiosa teniendo en cuenta algunas bibliotecas nacionales de América Latina, contiene la historia del patrimonio bibliográfico del país. Otros varios millones de piezas -periódicos, mapas, manuscritos, videos, partituras- forman parte de esta fundamental institución de la memoria argentina, que aún hasta hoy intenta mantener el espíritu intranquilo de crítica y compromiso intelectual que forma parte del legado de Mariano Moreno.

Ver video invitación y agenda de los festejos del Bicentenario de la Biblioteca Nacional.


Blog para bibliotecarios hecho por un bibliotecario

Recomendamos este blog (http://richardebury.blogspot.com/)  lleno de herramientas útiles para los bibliotecarios y en donde se va posteando lo mejor que pasa sobre bibliotecas en los medios de comunicación y otros sitios.

1 comentario:

Identidad Bibliotecaria dijo...

"El alma de las bibliotecas es el bibliotecario" Juan Domingo Perón...esta todo dicho.El General tenía talento para saber describir y discenir de la mejor manera los innumerables avatares, hechos, acontecimientos, actividades,y perspectivas..!!